Cómo hablar o escribir en español

Hablante

La lengua española – el castellano – es una lengua muy bonita, para decirlo con toda sencillez. Es una lengua que describe, se explaya, se extiende sobre las palabras y aunque no tiene tantas como la lengua inglesa, tiene suficientes y las adecuadas para que nos demos gusto usándola.

Muchas personas quisieran expresarse con soltura y cierta cadencia, de modo que lo que tratan de decir, quedara claro para sus lectores u oyentes y fuera agradable al oído o al oído interior en la lectura. Es posible lograrlo si se toma en cuenta lo que comentaré enseguida.

Nuestra lengua no acorta las frases ni las oraciones, no está concebida para escribir telegramas ni mensajes de teléfono móvil, no abrevia; todo lo contrario, para decir algo usamos muchas palabras, las desarrollamos, las hilamos y hacemos largas descripciones, las giramos, cambiamos el enfoque, empezamos por el final o por en medio y hasta terminamos por donde empezamos. Usamos muchas parábolas, comparaciones y otras figuras del lenguaje Al hacerlo así, damos a las personas muchas opciones, para que nos entiendan y construyan su propia idea de lo que tratamos de comunicarles, decirles o hacerles comprender.

Voy a comentar unas expresiones comunes del inglés y su contrapartida en español para mostrar lo que he dicho: tomemos «He is a loser» que los conformistas traducen horrorosamente como: «es un perdedor» o menos brutalmente como: «es un fracasado»; si desarrollamos, en español, la expresión inglesa, quedaría algo como: «es una persona propensa a los fracasos», «él pierde en frecuentes ocasiones», «no se le da tener éxito», «no logra lo que otros», «no da una» y mejores frases parecidas.

Tomemos otra expresión que usted encontrará en novelas, películas, televisión y representaciones de todo tipo y también en una variedad de situaciones de la vida real; me refiero a cómo expresan su amor los angloparlantes, dicen: «I love you»: «te amo». ¿Ha notado la gran variedad de expresiones que tenemos los hispanohablantes para enamorar o expresar nuestro amor? ni siquiera voy a poner los ejemplos porque sé que usted los tiene a mano y sería descortés de mi parte suponer lo contrario.

Por cierto que los gringos son fáciles para decir «I love you», se lo dicen a todos y a todo en las más triviales circunstancias, aman a todos y a todo, lo que más bien hace parecer que no aman a nadie ni a nada: desvirtuaron la expresión. Van a tener que reencontrarla.

En cuanto a palabras y frases ya dije lo que quería, pero en cuanto a párrafos o pequeños parlamentos, el uso de nuestra lengua se pone más interesante, porque con frecuencia creamos relatos, pequeñas historias y también largas historias. Nos encanta extendernos y poner contextos, antecedentes e intercalar anécdotas para decir lo nuestro; somos muy platicadores. Quizás la lengua española se hizo para conversar.

Esta libertad que nos permite hablar de todo para decir algo, quizás muestra algún aspecto de como funciona la mente de quienes tenemos como lengua madre el español. Centrarnos, enfocarnos en un punto es, por lo menos, incómodo. Algunos no lo logran sino después varios intentos. Sin embargo, no vaya usted a creer que no podemos precisar, lo que sucede es que precisamos extendiendo, diversificando, evocando.

Describir, narrar, glosar, cambiar de giro expresivo, cambiar de enfoque, sorprender, divertir, son nuestras notas características. Y no es que quiera entrar en la psicología de los pueblos, pero el que habla español, aunque sea un técnico, hace literatura; bueno, eso si lo habla, porque hay personas que hablan español como si tradujeran del inglés y aunque no usen palabras en esa lengua utilizan sus traducciones como «checar», «contactar», «waaaw», «promocionar», que para ellos valen por: «verificar» o «revisar», «ponerse en contacto», «cáspita», «caracoles», «caramba» o cientos más de interjecciones y, desde luego, «promover»; ¡ah! y tampoco conjugan los verbos y hasta usan la sintaxis del inglés, ordenan las palabras y las oraciones como angloparlantes.

Debo insistir, aunque no sea fino de mi parte, en que en los países de habla hispana, realmente pocas personas hablan español y sólo un puñado lo escriben – aunque se den a entender, lo cual es otro asunto – tal vez lo atropellan o se montan en él para groseros propósitos ineludibles, como ganarse el pan; aunque, por otra parte, las personas pueden ganarse el pan y también practicar el buen decir y quizás hasta escribir aceptables textos.

No estoy invitando a nadie a que busque formas floridas de expresarse, resultaría un desastre lleno de afectación y tal vez hasta ridículo; en todo caso le invitaría a ser natural. Lo que digo es que el español lía, enhebra, serpentea, gira, borda, teje y entrelaza de manera también natural. En realidad lo único que tenemos que hacer es hablar en nuestra lengua o escribirla.

Varios trucos o pequeñas reglas pueden usarse para hablar y escribir en esta alegre y singular lengua a la que pertenecemos – que no, no nos pertenece, le pertenecemos – esas reglas y trucos derivan de sus características. Un ejemplo: nunca use dos veces la misma palabra para un sujeto; gírelo, cámbielo, altérnelo, verá que el truco funciona; pero no es el lugar ni la ocasión para enseñar más trucos y reglas, sino para dar cuenta de cómo funciona el español.

Me percaté hace poco de cómo los gringos hablan con frases ya hechas; no las crean, las consumen; hasta creo que, dado como son esas personas, pronto alguien las va a patentar y ganará enormes sumas de dinero con ellas. También me percaté de lo torpe que fui tanto tiempo al no lograr hablar fluidamente el inglés; es un asunto de memoria, unas cincuenta o cien frases hechas y listo, lo mismo para oírlo: es cuestión de identificar esas expresiones hechas.

¡Nosotros no tenemos frases hechas! bueno no muchas, sí las tenemos, pero a menudo son de importación, nos llegan por el cine y por los métodos gringosajones de trabajo, por la tecnología y los «bisnes».

Me he gastado algún tiempo en escuchar cómo es nuestra lengua – a la que pertenecemos – para poder disfrutarla mejor. No me refiero a sesudos y aburridos estudios formales, gramaticales o lingüísticos, sino a su vitalidad, a su encanto, a su factibilidad, a lo que la hace el instrumento de nuestra vida toda. Me gustaría conocer sus hallazgos sobre esto, sí, los de usted quien me lee.

Corrijo la primera frase de este microensayo que reza: «La lengua española – el castellano – es una lengua muy bonita» y la cambio por: «La lengua española – el castellano – es una lengua hermosa» ¿No le parece?

Eugenio Aguilar

San Miguel Ajusco

Enero en 2015

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Bendecir, decir el bien

Para Val y Bren BudaHands

Por muchos años, ocasionalmente me preguntaba que era eso de «bendecir»: decir el bien, hablar bien de alguien o quizás de algo, enviarle una buena intención, me contestaba; pero creo que la bendición va mucho más allá. Fue Pierre Pradervand con su maravilloso libro «El arte de bendecir» quien me introdujo, como a muchas otras personas, en la «zona» de la bendición.

Hay bendiciones que caen del cielo, como la vida, los hijos, el amor, la belleza, la serenidad y miles más, vivirlas es encontrar a Dios, rechazarlas o negarlas lleva a muchos a la frustración, a la negatividad, al deterioro, al estrés y hasta a crisis personales. Un excelente remedio contra el estrés y el agobio es hacer conscientes nuestras bendiciones, valorarlas y disfrutarlas; ser abuelo, por ejemplo, en mi caso.

En una cultura que maldice y que expresa su frustración, no diciendo: ¡qué chasco!, sino profiriendo un ¡maldita sea!, el primer paso es desaprender el maldecir. Al reflexionar sobre esta [iba a decir maldita] costumbre de maldecir – de decir mal de alguien o de algo – me invade una sensación de desazón, dolor y repulsión por haber vivido tantos años con una tan fácil disposición a maldecir; costumbre que heredé, pero que también seguí; así que el primer paso para bendecir, es y será, dejar de maldecir: cambiar de «zona».Cambiar la maldición por bendición

En este texto hablo de Bendecir, con el propósito de enriquecer nuestras vidas y sanar nuestras actitudes; se trata de convocar y conducir, para las personas a quienes bendecimos, un cúmulo de buenas y positivas realidades que les beneficien, conforten y les trasplanten a un territorio mejor que el de la llamada «realidad práctica», pero… que también la incluya.

No pretendo ser angelical, las realidades que atraigo y hasta otorgo al bendecir pueden ser muy concretas: trabajo, propiciar situaciones positivas, bienes y hasta dinero. Una bendición es algo muy concreto, como dar mi tiempo: los minutos, horas y días de mi vida. También hay realidades trascendentes, como mi comprensión, mi amor, mis intenciones, mi aceptación y todo el mundo espiritual al que, si me esmero, quizás puedo acceder.

En mi tradición familiar y social eran los sacerdotes quienes bendecían, hasta recibían dinero por bendecir, digamos, el coche de mi padre. Las personas comunes sólo podíamos desear la bendición de Dios para los demás: «que Dios te bendiga» y no se decía esto a muchas personas, sólo a los hijos o a cercanas personas en situaciones delicadas o extremas, como cuando se confortaba a alguien que perdía un familiar. No se vivía en un ámbito de bendiciones.

Pierre Pradervand nos enseñó que todos podemos bendecir a todos y a todas horas; lo que, si se practicara, cambiaría en la base las relaciones entre los seres humanos, porque crearía un ambiente de buena disposición, por lo menos.

Otra cosa que hizo el señor Pierre fue «bajar» la bendición de los pontífices y religiosos profesionales a las personas comunes como usted o como yo. Sin importar nuestra condición ni nuestras peculiaridades, podemos bendecir; también habló de una bendición para humanos, dada por humanos y no necesariamente por dioses o santos. El más confundido de los mortales puede bendecir en su propio nombre y al hacerlo, posiblemente, encontrará algún rumbo.

¿Por qué bendecimos? Quizás se trata de la exaltación de nuestros sentimientos de bondad o de nuestra disposición al bien; quizás es una tendencia biológica a la preservación de la especie por el altruismo o bien una costumbre implantada por nuestra cultura o quizás es una moción sembrada por Dios en nuestro corazón, para que florezca en el exterior; posiblemente es todo esto junto; así que la respuesta que colijo es que bendecimos porque tenemos que hacerlo; aunque es fácil, demasiado, que olvidemos bendecir, como olvidamos tantos aspectos de nuestra vida interior en favor de la exterior.

La extroversión laboral es algo característico del siglo XXI. El trabajo todo lo justifica; justifica la ausencia – no estar para uno mismo ni para los que amamos – y propicia la deformación y hasta la evitación de nuestros valores y también provoca el vacío, el vacío de introspección y, por tanto, el vacío de bendición.

En una sociedad en que el azúcar, el café y el tabaco son las drogas de la productividad y en la que el placer y la diversión parecen ser las metas de la vida – fatuas por cierto – y cuyas drogas llamadas recreativas – yo las llamo destructivas – son la cocaína y otros opiáceos y nuevas drogas de diseño; en esta cultura, hija bastarda del mercado y de una Albión mestizada, la bendición es más que improbable y, sin embargo… bendecir es posible.

En las grandes «exciudades» de millones de habitantes, en las que las personas trabajan de doce a diez y seis horas continuas y pasan de dos a cuatro de esas horas conduciendo sus autos, compitiendo por los siguientes diez metros de avance, o bien hacinados o en transportes públicos ¿quién siquiera pensaría en bendecir? Ya sería un logro no maldecir y sin embargo…bendecir sigue siendo posible y creo que necesario.

La persona que más requiere de nuestra bendición es, ciertamente, nuestra propia persona. Bendigo mi disposición para bendecir. Bendigo mi capacidad de crear un tiempo de calidad para bendecir a mi familia, a mis amigos, a las personas ambiguas hacia a mí y a los confundidos, así como a mis competidores – aquellos que toman ventaja de mi cada vez que pueden – y a mis enemigos – aquellos que desean o intentan dañarme – y que por la bendición probablemente abandonen su intento.

Bendecir es una disposición, está en nuestros instintos básicos y aparecerá si los dejamos actuar, si no los inhibimos con nuestras peculiares iniciativas. No necesitamos hacer gran cosa para bendecir, al contrario, como establece el taoísmo, lo que se requiere es la «no acción», el «Wu Wei», dejar que nuestro yo original haga lo que sabe hacer mejor: ser natural. Bendecir es algo muy natural.

Elijo creer que la bendición protege, mejora, proporciona un camino es decir nos ubica.

La bendición es sanadora. Modifica lo insano, lo enfermo, lo trastocado y degradado en nuestra persona; ubica, sana en su espíritu y confiere salud a quien bendecimos.

Cualquier persona, si se entera en su corazón de que es bendecido, modificará sus intenciones para bien y, si no se entera, algo bueno sucederá también. Los efectos de la bendición son como los del poder de la oración, que por lo menos tranquilizan a quien la realiza y por lo más genera milagros; y es que bendecir es una breve oración. Sabemos que la oración y la bendición pueden lograr grandes cosas: atraen otras bendiciones y modifican la «realidad práctica» en formas inusitadas.

La bendición es un acto de voluntad «Yo quiero bendecirte». En este momento me dedico a bendecirte y en el que ahora transcurre bendigo a mi esposa y ahora bendigo a mi hijo, ahora a mi hija y a mi nieta… y así puedo seguir uno o dos minutos más. Eso es todo, es simple. Sólo se requiere que esa bendición salga de mi interior, de mi mera gana, del sustrato fundamental de mi persona, de mi corazón.

Otro asunto es bendecir a quienes nos disgustan, a quienes nos traicionaron, a los ambiguos, a los que nos dañaron, a los que nos provocaron algún resentimiento y a los que aun nos siguen perjudicando. Toda nuestra cultura nos dice que los perdonemos y supone que hacerlo es muy virtuoso; yo no lo creo así.

Pienso que perdonar «me» supera, «nos», supera; no me refiero a perdonar nimiedades, esas no cuentan, sino a perdonar el daño verdadero que lesiona tu ser más profundo, como cuando alguien abusa sexualmente de un hijo tuyo o cuando te despoja de todos tus bienes y con ellos se van tus oportunidades, dejando a tu familia en la inopia, en la indigencia, pobreza y escasez y reponerte te lleva años. Ante estas situaciones quedamos superados y toda nuestra persona se opone al perdón y quiere igualar las cosas, hacer un daño equitativo, castigar. No hablo, por supuesto, de la venganza malévola o de la estúpida venganza por honor.

Propongo una solución para la dificultad de perdonar en casos difíciles; se puede practicar, simplemente hay que bendecir; así que ¡No perdones, bendice! y hazlo con tu corazón.

Atraigo la bendición, la que «me» permite, «nos» permite, rebasar ese infamante monumento a la soberbia que consiste en perdonar a los que dañaron nuestra dignidad o nuestra persona toda, que a eso se reduce todo daño. No perdono… bendigo.

Bendecir, en vez de perdonar, nos baja del pedestal ¿quién soy yo para perdonar? perdonar implica que se es moralmente superior, yo arriba y el ofensor abajo ¡pura soberbia! La bendición, en cambio, es horizontal, de ti a mí, de una persona a otra, y se da graciosamente a cambio de nada. De hecho la bendición nos cambia. La bendición es un acto de transformación.

Bendecir es agradable, genera endorfinas; se requieren muchos más músculos psicológicos para maldecir que para bendecir y aunque empezar a bendecir puede costar trabajo, una vez entrados en bendición, las cosas fluyen solas; es como caminar, una vez que vencemos la inercia, la marcha se vuelve automática porque estamos hechos para caminar; así, al empezar a bendecir, seguiremos bendiciendo, porque también estamos hechos para bendecir.

Bendecir es reconocer la dignidad del bendecido. Nadie otorga dignidad, es un regalo al ser concebidos, todos la tenemos, algunos la extravían, la bendición la reencuentra. Si alguna persona se degradó y no se respeta a sí misma, la bendición que le demos puede restaurar ese respeto, esa dignidad.

Tal es la naturaleza de la bendición y forma parte de nuestra estructura cultural y personal; no hay, según parece, sociedad que no bendiga, por lo menos con bendiciones civiles, con rituales de honor, gloria y reconocimiento, pero las hay mejores.

La bendición no resuelve problemas, pero acaso los supera porque nos reenfoca. A mi entender, para muchas personas que están en la zona adecuada, la zona de la bendición, los problemas no existen, sólo existen tareas: hay tareas por realizar y bendecimos esas tareas; de ese modo nunca se escalarán a problemas.

Hay una leyenda hermosa que dice que Dios le dio a cada persona noventa y nueve problemas, pero algunas tienen cien. El problema adicional es que creen que se puede vivir sin problemas; claramente ¡eso no es posible! pero si los problemas siempre están allí y forman parte de la estructura de la vida, entonces sólo son tareas; son parte de la tarea de vivir. Bendigámonos unos a otros en nuestras tareas, en nuestra capacidad para vivir. La bendición es vital.

No sucede que una persona tenga sólo tareas, también tiene bendiciones, alegrías y sorpresas, propósitos y satisfacciones, dolores, recuerdos y nostalgias y… amores: tal es la vida.

La bendición es una práctica. Sólo hay que hacerlo y se aprende sobre la marcha. No es necesario hacer bendiciones perfectas; basta la intención, porque si tengo la intención de bendecirte, entonces estás bendito y ya lo logramos los dos. No somos la fuente de la bendición, como nos enseñó Don Pierre de Pradervand, sólo la conducimos.

Digo, otra vez, que nuestra bendición trata de convocar y conducir, para las personas a quienes bendecimos, un cúmulo de buenas y positivas realidades que les beneficien, conforten y les trasplanten a un territorio mejor que el de la llamada «realidad práctica», pero… que también la incluya.

Un recuento: bendecir es posible y es algo muy concreto, todos podemos bendecir a todos, la bendición nos permite cambiar de «zona», bendecimos porque tenemos que hacerlo, la bendición protege, proporciona un camino, ubica; nuestra propia persona es la que más requiere de nuestra bendición, bendecir es una disposición, la bendición es sanadora, la bendición es un acto de voluntad ¡No perdones, bendice! bendecir es agradable, la bendición es horizontal, bendecir es reconocer la dignidad del bendecido, la bendición forma parte de nuestra estructura cultural y personal y, por último, la bendición, la capacidad de bendición, se atrae, se aprende.

Lo primero que atraigo y solicito a lo que no puede expresarse, lo más importante, es la capacidad de bendecir. No la bendición mojigata, tampoco la «bendición» soberbia de emisarios o «representantes» de Dios ni la bendición dubitativa y desleída que se envía como un buen deseo, sino la bendición sanadora, la que nos acerca a lo sagrado, la que nos roza con un destello divino, la que nos hace específicamente humanos; esa bendición, que es el único medio para superar el dolor, el resentimiento, la incomprensión y otros peores estados del alma.

Yo te bendigo y me bendigo, atraigo de lo sagrado, hacia nosotros toda bendición.

Eugenio.

27 de Octubre de 2013

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Lectura y contralectura

Por Eugenio Aguilarpicaso womanread

Desde los años veinte, en que los investigadores estadounidenses empezaron a analizar el proceso de lectura, editores , universidades y educadores se interesaron por la legibilidad (readability) de los textos. Con un enfoque orientado a crear textos fáciles y mercado para sus publicaciones, llegaron a una conclusión que, con algunas modificaciones, aún sostienen:

“Se debe escribir con palabras muy cortas y familiares y en oraciones también cortas y los textos deben ser de pocos párrafos.”

Esto equivale a poner el carro delante del caballo. Llevando al extremo estos criterios de legibilidad se acabaría por escribir textos con oraciones de tres a cinco palabras con una o dos sílabas cada una; por ejemplo: «ese oso es mío», «mi mamá me ama» o «leer es feo»: la estupidez redonda.

Los investigadores descubrieron también que la gente leía más si los textos trataban de temas conocidos y que ya interesaban a los lectores. Para muchos de nosotros las características deseables e imprescindibles de la lectura son las que nos permiten descubrir nuevas realidades, conocer nuevos o diferentes enfoques y ampliar los límites de nuestros intereses. Otros resultados constructivos de la lectura son conocer palabras nuevas y nuevas formas de expresión; ampliar y afinar nuestra sintaxis – es decir la forma en que construimos u ordenamos nuestras expresiones – y desarrollar nuestra sensibilidad sin olvidarnos de la creación de simpatías, empatías y antipatías intelectuales, técnicas y humanas.

Los investigadores con sus criterios estadísticos de mercadeo de periódicos y revistas, matan la intención original de un estudio inteligente sobre la lectura. La intención, desde luego, es que el lector aumente sus habilidades de lectura, su competencia intelectual y su calidad humana.

Leer es fácil, se dice por ahí, basta recorrer con nuestros ojos las palabras, los párrafos y los capítulos, unos a continuación de otros, y listo: hemos leído; además ya lo hacemos desde los cinco años de edad, de modo que «¿qué misterio puede tener la lectura?».

No es así, leer no es fácil y no se hace del principio al fin de un texto, si se quieren obtener resultados a fondo. Para leer, por lo menos, hay que releer, pero hay mucho, mucho más. Cualquier adulto o joven inteligente, sabe que leer no consiste sólamente en, cómo reza la definición de la Real Academia Española:

«leer. (Del lat. legĕre).

1. tr. Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados.

2. tr. Comprender el sentido de cualquier otro tipo de representación gráfica. Leer la hora, una partitura, un plano. …»

o como dice la Wikipedia: «Leer (del latín legere) es el proceso de percibir y comprender escritura, ya sea mediante la vista o el tacto (Braille).»

Estas concepciones de «leer» son no sólo elementales, sino desorientadoras. La verdadera lectura, la que nos enriquece, es una actividad compleja que implica y emplea todo el potencial cognoscitivo de las personas, más otros atributos y habilidades no especificados ni reconocidos por el stablishment «científico», como la intuición y cierta percepción sincrónica – a la que Carl Gustav Jung aludió – la percepción de totalidades (Gestalt), la participación de elementos prerracionales, más lo que gente inteligente descubra en adelante. A estas capacidades de intelección compleja que atan entre sí conceptos, experiencias, evocaciones, datos e imaginación con sutiles habilidades les llamaré: nuestras “entendederas”.

Leer, considerado de manera más práctica, es un diálogo y cualquiera que clasifique un diálogo lo mata, se queda con el cadáver de la mariposa y pierde la gracia, el vuelo, la iniciativa, la casualidad, la vida… Leer es un diálogo entre tú y Platón o Kipling o Ágata Christie o Euclides o Benito Pérez Galdós o el autor de tu texto de matemáticas. Leer es diálogo uno a uno, el autor te habla, o mejor dicho te escribe, y tú no puedes evitar anticipar tus respuestas, objeciones, preguntas, aclaraciones. No puedes evitar contraleer, lo que es tu parte en el diálogo.

La enseñanza adecuada de la lectura es la enseñanza de la contralectura. Limitando nuestras consideraciones a la lectura de material informativo , por ahora, y dejando para otros momentos la lectura literaria, de reflexión o introspección, experimental, recreativa y creativa y cualquier otra que podamos identificar, diré que:

«Leer es la actividad por la que obtenemos, manejamos y producimos conjuntos organizados de información, lo que se hace efectivo en la contralectura.»

y dicho esto ya estamos en concepto, como diría un amigo mío. Aún esta lectura de información – tan frecuente en la sociedad tecnológica – merece y requiere análisis y aprendizaje; ciertamente los procesos intelectuales no son lo único que sucede, ya que: «la lectura transforma al lector»

  • Le crea hábitos de trabajo y pensamiento.
  • Crea también esquemas de organización mental. Crea redes neuronales, dirían los científicos.
  • Enriquece las palabras con denotaciones precisas y connotaciones más amplias.
  • Le introduce al mundo del sentido de las expresiones y
  • Le hace consciente de la referencia posible de las palabras, oraciones, párrafos y aun de textos completos.

Leer es importante. Si a este mundo vino y no lee, entonces ¿a qué vino? ¿de qué se enteró? No me diga que de su «amplia» experiencia, porque ninguna es tan amplia y las hay muy estrechas, créame; además si excluye de su experiencia la lectura ¿Qué le queda que no sepa ya? En la obra que ahora lee se persiguen dos objetivos:

  • Analizar y reflexionar sobre el proceso de la lectura e
  • Introducirle al mundo práctico de la contralectura para que su lectura sea de excelente provecho y gozoso interés.

Bienvenido al mundo de la lectura inteligente.

(Tomado de la introducción al libro: «Lectura y Contralectura» por Eugenio Aguilar)

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Expresión e intención

Lo que comunicamos, básicamente, son intenciones. Comprender el lenguaje es comprender la intención del otro o nada sucede. Expresarnos es, en forma correspondiente, comunicar a otros nuestra propia intención. Los datos están muertos, sólo vive lo que queremos, lo que intentamos lograr con ellos.

La intención se orienta hacia un propósito claramente concebido, o no tan claro y a veces implícito u oculto, pero a un propósito al fin. Para no entrar en un ámbito filosófico y mantener las cosas prácticas, diré que el propósito busca un resultado.

De modo que al expresarnos, a fin de cuentas, buscamos un resultado, un estado de cosas, un escenario, una conducta, una ventaja, objetos materiales, una cierta orientación o un efecto.

No toda expresión se hace a través del lenguaje, por ejemplo existen el arte, la política, el rito y demás; pero en este texto me limitaré a la lengua como medio para lograr nuestros propósitos. Si yo fuera un divulgador hubiera titulado este artículo «Cómo lograr cosas con el lenguaje»  porque de eso se trata todo, de mover intenciones – la nuestra, las de otros – para que las cosas sucedan.

Vamos a hacer práctico lo expresado hasta aquí:

Antes de escribir o de abrir la boca, debo tener un propósito, una intención, y entre más clara sea para mí, mejor articulada será mi expresión. La pregunta fundamental para escribir y para hablar es: ¿Qué quiero lograr con este texto o con esta locución? después todo fluirá.

Los propósitos y las intenciones son muy variados y no todos son inmediatos; por ejemplo al escribir un diario personal la intención puede ser muy íntima, de testimonio propio, privado; o tal vez biográfica o programática o simplemente se intente dejar fluir la pluma en asociación libre, lo que tal vez tenga un propósito no muy consciente.

Al escribir un poema, los autores ciertamente tienen las más sutiles y a veces indescriptibles intenciones, pero para ellos hay una estado personal que les compele a hacerlo. Los novelistas y literatos, en general, tienen intenciones y propósitos que van desde las muy concretas, como recrear el pasado en una novela histórica, hasta experimentar con la narrativa o cualquier otro tipo de género literario.

Los académicos e investigadores tienen propósitos mucho más definidos que deben ser evidentes para sus lectores o para su auditorio. De hecho casi siempre empiezan por enunciar el objetivo de su texto, de su ponencia o lección.

Quienes hacen un manual o instructivo, así como quienes capacitan, se mueven también con propósitos muy definidos y, si no los establecen, el fracaso estará garantizado.

Finalmente comento a los autores creativos de ensayos, artículos de opinión, divulgadores, educadores, autores de textos de reflexión y de todo el campo de la comunicación de persuasiones. Estos escritores y conferencistas al contar con muchas motivaciones en diferentes ámbitos y niveles y al tratar con temas no comunes, suelen extraviarse; al crear y al intentar llegar a niveles sutiles de percepción en sus lectores o auditorio, requieren ser muy dinámicos e inteligentes para establecer sus intenciones, al menos para sí mismos.

Con frecuencia, los escritores creativos juegan con sus propias intenciones y propósitos, cambiándolos, rotándolos, alternándolos y amalgamándolos hasta lograr un efecto general deseado y algunos no pretenden más que ese amplio efecto. Otros trabajan duro, son oficiosos, producen lentamente y con precisión. La cantidad de texto escrito es otro asunto.

Propongo un ejercicio: antes, inmediatamente antes, de escribir o de preparar su invectiva, sermón, o su participación escénica – todo maestro o conferenciante es un actor – establezca su propósito y sus intenciones lo más claramente posible; de ahí surgirá un esquema.

Como todo escritor sabe, las intenciones y los propósitos al escribir, van en dos carriles: uno es con respecto a lo que se dice, al tema; el otro es con respecto al lector o al oyente y las preguntas son:

• ¿Cómo quiero desarrollar mi tema? enfoque, datos, nivel teórico, y demás

• ¿Qué quiero que suceda con mis lectores u oyentes? que piensen, rebatan, aprendan, acepten, actúen, etcétera.

Estas preguntas las desarrollaré en otro texto.

Eugenio Aguilar

Jacinto
15 de Enero 2013

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El bastón del viejo

Caí en la cuenta de que donde estaba atrapado era en el deterioro, ya que la inconmensurable pereza mental y moral de los nativos habían permitido que prácticamente todo se degenerará y la molestia ¡qué digo! sufrimiento, que eso me provocaba y las vueltas que me daba en la cabeza, me llevaron a recapacitar que soy viejo y… ¿qué hace un viejo? – me pregunté – arremete, blandiendo el bastón contra los safios, los inconscientes, los depravados, los abusivos; así que voy con mi bastón contra esa canalla:

Perdieron el decoro, la sensibilidad, el sentido de la decencia; se hundieron en la autocomplacencia, en la indulgencia de sí mismos, en la permisividad y en la búsqueda de placeres baladies, y terminaron por rendir y entregar los valores estructurales del mundo – no todos, sino los que hacen que la vida valga la pena –  tal y como nos fue heredado.

Confundieron la satisfacción por el trabajo cumplido, por el esfuerzo desempeñado y por el fracaso honorable, con el placer robado, la apropiación del producto de otros y el cinismo en el fracaso.

No quedó vestigio de la necedad española del “defendello y no enmendallo” que era la expresión del capricho y la terquedad irracional de un bruto; adoptaron en su lugar el egoísmo calculado de anular a los demás y expandir sus gratificaciones, aplastando el espacio de todos los otros.

Esa canalla se encuentra aquí, allá y acuyá; todo lo ocupa, todo se apropia, todo lo embarra, pero tiene los días contados. ¿La razón ? no pueden coexistir; los excesos y despropósitos de uno, no admiten los del otro y si son legión se trata del caos y la hecatombe y, por seguro, que en ello se llevarán entre las patas a los sensatos y prudentes.

El problema es que esta escoria, esta chusma, los hijos del mercado y el consumo, perdieron un instinto básico: la orientación y la noción de lo que vale, de lo que justifica la vida ante sí mismos, ante otros y a través del tiempo. Perdieron el sentido de los valores y se quedaron con la ganga, la rebaba, la sobrenata babosa y las tiñeron de solferino… ¡a rayas!

Renunciaron a la melodía y la armonía, por el ritmo machacado de cajas electrónicas. Renunciaron al trato inteligente del otro, por el cultivo para sacar ventaja; renunciaron a la satisfacción de aportar, por el placer de despojar; renunciaron a la consideración de sus semejantes, por la estafa. Adoptaron el prejuicio para arrasar con el raciocinio; adoptaron la mentira para evitar el encuentro; adoptaron el placer, para eliminar la satisfacción. En fin, adoptaron la infamia para eliminar la dignidad.

¡Vive Dios! que ahí les va mi bastón.

Eugenio

Jacinto

Enero 2013

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LA ESTABILIDAD EN EL LENGUAJE

La sangre es un tejido estable cuando es inestable e inestable cuando es estable, lo mismo la lengua. Si la lengua se detiene y no fluye hace costras al igual que la sangre, se fija, se estabiliza y resulta inoperante; por eso los diccionarios, y uno en especial, son apenas poco más que una costra.

Por otra parte cuando la lengua circula y fluye libremente arrastra las impurezas y los detritus, las anomalías y las monstruosidades, lo mismo que la sangre y por eso, el líquido vital, necesita purificarse a través de varios órganos. No está tan claro qué oxigena la lengua, qué la limpia – a pesar de ciertos lemas – ni qué la regenera. Y hasta aquí la sangrienta comparación.

Son los hablantes los que nutren y regeneran la lengua – es consabido – actualmente eso ocurre a gran velocidad y nuestro tesoro humano se desestabiliza. Ejemplos son los anglicismos insidiosos que trastocan y deslíen palabras y expresiones bien establecidas que no necesitan cambiar, como en los casos que siguen: «promocionar» por «promover», «contactar» por «ponerse en contacto», «irrespetar» por faltar al respeto, «sustentable» por sostenible y despropósitos por el estilo. Hay que recordar que la Lengua Castellana relata, describe, hila, desarrolla; no tiende a la telegrafía como el Inglés; no acorta las expresiones, las alarga. Tal es nuestra tradición y nuestro gusto.

Tradición ¡sí! La forma en que usamos nuestra lengua a través del tiempo y las generaciones – en diferentes culturas – es lo que la configura; ahora parece que la tradición lo hace menos que el tsunami «gringo-tecno-computológico» con su poderosa influencia.

No deseo dar lugar a malas interpretaciones, yo uso mi ordenador y todas sus aplicaciones en inglés, porque es la lengua en que fueron concebidos sus fundamentos y sigue la mata dando. No menosprecio los esfuerzos, a veces heroicos, de los traductores del mundo de la llamada «informática» pero piense un momento en términos traducidos como: «ordenador» ¿Qué ordena? en todo caso hace mucho más que eso; «guión» por «script» – un «script» es una pequeña serie de instrucciones que corren en un «ordenador» – Piense también en como traducir «software». ¿Ha escuchado o leído expresiones como: «te lo forwardeo», «tuiteame», «mándame un imeil»? – hasta llaman «emilios» a los correos a través de la red – ¿Ha oido «feicbusero», «cibernauta», «clickear», «maus», «formatear», «resetear», «escanear»? y en cada caso la gente entiende muy bien de qué se trata. Nuestra lengua parece ir atrás de los conceptos tecnológicos lo que resuelve enriqueciendo el spanglish.

El spanglish es una realidad y tiene más hablantes que cientos de lenguas en vias de extinción; hasta hay una traducción del Quijote al spanglish que está en sano crecimiento.

Cuando crearon la primera computadora u ordenador, la ENIAC, que era monumental – con la que se hicieron los cálculos para la primera bomba atómica – los sabios tecnológicos tenían que limpiar de insectos y alimañas «bugs» el inmenso aparato lleno de bulbos o válvulas electrónicas; las había en tal número que requerían una planta de enfriamiento del tamaño de un edificio pequeño. El término: «debug» se refería a limpiar de bichos el ingenio y se utilizó después para corregir las primitivas secuencias de instrucciones – los programas – para los «procesadores», «computadores», «ordenadores» ¿Cómo traduciría usted «bug» y «debug»?

Otros ejemplos del tsunami gringo nos los endilgan los traductores de películas y la publicidad hecha en «The United States of America»; han eliminado el participio y dicen: «con gastos pagos» en vez de «con gastos pagados». Del cine, con traductores imbéciles nos llega «ganador» por «triunfador» o «persona de éxito» y un montón de frases hechas que impiden pensar, como: «estaba en el lugar y momento equivocados», o la del retador y armador de guerras en contra de personas islámicas: «Make my day» traducida libremente como «haz mi día» otras menos ofensivas: «hacer la diferencia» y una odiosa: «tiene clase» esta frase es el colmo de la mentalidad del alpinismo social y la usan para expresar que alguna persona posee virtudes deseables por quienes su vida empieza y acaba en el consumismo. Los hispanohablantes no pensamos así, concebimos el mundo y la vida de modo diferente y aunque tenemos expresiones horribles nunca son tan indignas.

Lo peor es la insidiosa modificación de la sintaxis y el acortamiento telegráfico de las expresiones. Hace ya muchos años, un insigne historiador mexicano, Don Daniel Cosío Villegas comentaba refiriéndose a historiadores noveles de «El Colegio de México»Institución académica de élite.:

«¿ha visto como escriben estos jóvenes investigadores? Hasta parece que traducen del inglés»

Mucha gente, por desgracia, escribe como si tradujera del inglés y hablan con frases traducidas por el cine «jolivudense» o por revistas del colonizaje mental como el «Selecciones del Riders Digest» (Revista estadounidense de difusión internacional con una orientación «fascista soft») escritas por ignorantes sin vergüenza ni ganas de aprender o decididamente malévolos. No alcanzo a poner los ejemplos que quisiera, pero usted puede encontrarlos facilmente o, más bien, tropezarse con ellos.

La institución postcolonialista que «limpia, fija y da esplendor» – con su colectivo multinacional asociado – fija, ciertamente como su proclama indica; pero fija de más y fija lo que nadie usa; cientos y hasta miles de palabras rurales, de una cultura agrícola desaparecida, limitada a España central, que no afectó a la gran comunidad del habla castellana – palabras medievales y árabes que sólo usan o conocen los especialistas y algunos novelistas – apenas un puñado de hablantes en cada país – sólo los arqueolectores, historiadores y especialistas de raras y sofisticadas disciplinas pueden ser sus clientes. Por ello el «Diccionario» debería de llamarse «Diccionario Histórico y de Obsolescencias, con Algunas Entradas aun en Uso» o algo así.

Los diccionarios regionales y del habla de países específicos como México, son diccionarios transculturales, que además cumplen la función de rescate de palabras autóctonas en proceso de desaparición, con algún porcentaje de palabras aun en uso y, también, son para especialistas. Claro que dejan de lado grupos culturales de mucha importancia; en México a mayas, purépechas, mixtecos – por mencionar a los de mayor población – consideran a los nahuas como hegemónicos y a la cultura urbana del centro del país como representativa de todos los mexicanos, lo cual es parcial y desorientador. No dudo que lo mismo ocurra en otros países con diccionarios regionales creados desde arriba, desde la academia.

El problema para los diccionarios es encontrar los límites de un círculo cuyo centro está cambiando de lugar. Los círculos móviles no implican que no exista su contenido, sólo que es un poco, o un mucho, inaprensible y por tanto difícil de especificar y tabular.

La falta de líneamientos para la conducta verbal, aunque permite mucha vitalidad, también desagrega y deforma nuestra lengua. Actualmente es frecuente que los viejos no entiendan lo que dicen los jóvenes; las personas comunes no entienden a los especialistas ni los cultos comprenden el habla popular. La norma es necesaria como una estructura que aglutine las diversas comunidades de hablantes en nuestra tradición, que es más una manera de ser, de entender y de musicalizar la vida, que la explicitación de deberes constreñidos.

¿Qué tipo de norma es la necesaria? ciertamente no la norma de tipo jurídico. Ésta es la gran confusión – a mi entender – el que los normadores de la lengua sean leguleyos, abogados jurídicos – y si no lo son, parecen serlo – son los perpetradores de normas a todas luces absurdas. Cierta y palmariamente se erigen como autoridades estatales, como gobernantes, y están enfermos de dignidad.

El poder sin el armazón de la dignidad es una caricatura ¿no le parece? En la medida que la institución máxima de la lengua española pierde dignidad, se caricaturiza; por eso son cada vez más excluyentes, pretenden exclusividad para reafirmar su poder. Que chasco, la exclusividad sobre la lengua, siendo la lengua es el fenómeno más incluyente que existe. Ya la «Asociación Cultural Antonio de Nebrija» sufrió un empellón de la «madre academia»

Anoto que lo de «madre academia» lo menciono para remitir a un libro viejo de Raul Prieto, titulado «Madre Academia».

La Rae asociada a los mercaderes de los libros,  prohibió A la asociación la divulgación de algunas preferencias sobre el lenguaje que sus dignidades y excelencias estipulaban. Ver [www.elcastellano.org||Asociación Cultural Antonio de Nebrija]- Domingo, 30 de octubre de 2011 – 01:06 GMT

Una evidencia de la caricaturización de la sagrada institución la puede cotejar en Twitter: simplemente haga una búsqueda con el «hashtag» – traducido como «etiqueta» – Rae y se va a carcajear. Lo que dicen allí los hablantes, en 140 caracteres o menos, rebosa sentido común, claridad, desenfado y humor.

Van algunos ejemplos de como las personas que hablan castellano son más lúcidas e inteligentes de lo que pudieran creer los sabios certificados; todas las citas tratan de las recientes reformas de la «madre academia» y aparecieron en Twitter:

• «No quiero ir solo a catar», «No quiero ir sólo a catar», «No quiero ir solo a Qatar» y «No quiero ir sólo a Qatar» ahora son lo mismo.

• Deberíamos quitarle el acento a «cómo» en protesta por lo ocurrido con «sólo».

• Si los académicos de la #RAE son tan analfabetos que no saben distinguir «sólo» de «solo» que se vayan, y no hagan norma de su ineptitud.

• ¿rae? ¿reformas? Un instrumento más (obsoleto, claro) de dominación postcolonial.

• Abjuro de vuestras últimas obras maestras de corrección del lenguaje. ¡Un gran trabajo! ¡TRUHÁNES!

• Nietzsche predicted nihilism was to come. He never said it would be in the form of a dictionary; we were not prepared for it. #RAE

(Traducción libre: Nietzche predijo que el nihilismo llegaría. Nunca dijo que sería en la forma de un diccionario; no estábamos preparados para ello. #RAE.)

Lo que se requiere es lo que, curiosamente, ya existe: una especie de derecho consuetudinario, de normas sociales sobre el lenguaje, las que hace y respeta la gente. Pero, ciertamente, no toda la gente las hará. De la misma manera en que los ingenieros sin ningún gobierno de por medio ni nacional ni supranacional, hacen organizaciones normativas en internet, en la www, en los protocolos de comunicación, en las técnicas y protocolos de programación, en el software libre y demás; de la misma manera, digo, los escritores, los hablantes, la gente que piensa, los editores, los sabios de toda clase, sabor y color pueden agruparse y normar eficientemente sobre la lengua y así establecer lo necesario.

Fue Richard Stallman quien inventó GNU  (Ver http://es.wikipedia.org/wiki/GNU_General_Public_License) la normativa del software libre y gratuito que usted puede modificar a su gusto; pero que, por más que lo modifique, regresará al de los grandes maestros, porque son los maestros. Además Richard  estableció un marco de referencia moral, político y legal para el software libre, que se respeta dinámicamente con más lealtad que la que cualquiera supondría.

¿Cuál es la diferencia entre los interesados en la lengua nuestra y los ingenieros autarquicos? Pues que las personas del software libre no tienen una institución histórica, que se atribuya a sí misma lo que no le corresponde, exudando rancia gravedad y celebrando rituales de dignidad académica para normar sobre el tema. Si la tuvieran, esa institución moriría de ridículo. Otras diferencias son que no tienen miedo ni inseguridad, tampoco tienen una mentalidad subordinada o que no se atacan unos a otros, más bien cooperan; saben defenderse con éxito de los mercaderes; otra más es que son incluyentes.

Si usted – que posiblemente sabe tanto de software como yo de protocolos académicos – visita la página de una organización de software libre y gratuito con Licencia Pública General de GNU, verá que le invitan a sumarse al grupo y a participar en la medida de su interés y capacidad. Sucede lo mismo en muchos foros normativos del internet y la www.

El modelo de autorregulación existe, no es reciente, y tiene éxito. No lo dudo, habrá otros modelos eficaces también.

Basta de vivir en un mundo decimonónico o vigésimo; las tradiciones son hermosas, pero si no operan, entonces que se queden en el rito y los honores; los demás manejemos la vida y el lenguaje en forma eficiente y eficaz. Hay ciudades hermosas llenas de monumentos históricos, pero que se manejan con tecnología de punta y organización racional fina y sensible, hasta las hay ecológicas y sosteniblesLos tecnócratas les llaman «sustentables» ojalá la ciudad de nuestra lengua haga lo mismo.
Eugenio Aguilar.

Jacinto .

Enero de 2013

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Pequeños horizontes, recursos ignotos

Pobre ser humano, no pidió nacer, no sabe vivir, no quiere morir; alguien lo dijo.

Con semicoherencia funcionamos; nuestra lógica es una combinación de Aristóteles con muchas concesiones a nuestros caprichos y supersticciones, inseguridades y apuestas dobles y muchas contradicciones irrenunciables mezcladas con un sentido común que logra piruetas prácticas; para nada tiene, nuestro manejo del acontecer, el rigor lógico que hizo a los académicos de la ilustración  apodarnos “animales racionales”.

Pasamos mucho tiempo esforzandonos por ser racionales, cuando el esfuerzo no es, de hecho, parte de la razón; es, en todo caso, otra puerta.

Manejamos el acontecer con nuestras creencias, pero ciértamente no se cree con la mente – con la razón – y creer tampoco es un acto de voluntad.  Uno cree con el cuerpo, con la pertenencia, con los ancestros, con la raigambre, con el sentido de que hay algo que nos supera, uno cree con creencias previas, que ya estaban allí, que son como categorías kantianas, pero no cognoscitivas, sino que dan contexto al conocimiento.

Tantos siglos de racionalidad europea han fatigado nuestra vida ¿cómo desaprender ese triunfalismo chato y ridículo? El ser humano es un animal de horizontes pequeños y recursos ignotos.

Eugenio

Jacinto 2010

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Microensayos sobre el microensayo

“Lo bueno, si breve dos veces…bueno”

Baltasar Gracián

“Se breve en tus razonamientos, que ninguno hay gustoso si es largo”.

El Quijote

El Haiku “Muy influido por la filosofía y la estética del zen, su estilo se caracteriza por la naturalidad, la sencillez (no el simplismo), la sutileza, la austeridad, la aparente asimetría que sugiere la libertad y con ésta la eternidad.”( Wikipedia)  claro.  Son las mismas características del microensayo.

“Suprimir toda palabra inútil. Simplificar la frase. Simplificar la idea. Esta es la fórmula para escribir bien”.

Noel Clarasó

“El cesto de la basura es el primer mueble en el estudio del escritor”

Ernest Hemingway

“Los buenos escritores son aquellos que conservan la eficiencia del lenguaje. es decir, lo mantienen preciso, lo mantienen claro”.

Pound Ezra

“Yo no sé si las cosas muy profundas pueden decirse de una manera clara y amena; tal vez tengan alguna razón los que creen que no. Lo indudable es que no son profundas todas las cosas escritas en un estilo bárbaro, y que el hecho de no saber escribir no basta para convertir a un hombre en filósofo. No lo digo por los filósofos alemanes, que, sin duda, tenían grandes razones para escribir de un modo confuso, y, entre ellas, la de no saber escribir de un modo claro, sino por los que de esos filósofos se limitan a imitar el modo confuso”.

Julio Camba, “Bergson en Alemania”

is where my documents live!

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MORAL Y EQUIDAD

Parafraseando a Descartes “el sentido de equidad es el mejor repartido de todos los sentidos y nadie parece necesitar más de él”. Los malvados son equitativos, los abusivos no; pero si tratamos con personas no degradadas, el hecho es que todas tratarán de dar algo equivalente al recibir un beneficio o trataran de hacer un daño equivalente al recibir un perjuicio. Aquí se separan el bien y el mal, porque no consideramos anómalo – aunque sí, quizás, raro –  a quien da más de lo que recibe, pero sí nos impacta quien daña más de lo que fue dañado y se piensa que, al menos, es injusto.

Una persona justa es equitativa – considerando los contextos culturales necesarios – una persona injusta no es equitativa; toma bastante más de lo que da y propina daño mayor que el recibido. Nuevamente la moral se aparta aquí y hasta choca con el sentido de equidad. Tomemos el caso de la venganza: la venganza es saludable porque deja las cosas equilibradas, equitativas; pero desde el enfoque moral es indeseable. De la manera más animal o instintiva la venganza, no excedida, da mucha  satisfacción porque equilibra nuestro universo, pero toda la cultura moral dice que no debe practicarse.

Este es mi conflicto, toda mi educación me dice que no practique la venganza, pero mi buen sentido de equidad me exige que la aplique cuando soy víctima de abuso. Si lo pensamos en un contexto más amplio, la venganza es adaptativa, pero el perdón es más adaptativo aun, sólo que en un contexto menos inmediato. Quizás mi dilema se resuelva en dos tiempos diferentes, en dos contextos no muy complementarios.

No se enoje, desquítese. (sabiduría de oficina)

Si quieres perpetrar una venganza, cava dos tumbas. (sabiduría china)

Perdona absoluta e incondicionalmente. (moral compartida)

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TENGO TIEMPO (microensayo sobre el uso del tiempo)

TENGO TIEMPO

“Perder el tiempo” es una frase del neocapitalismo que nos pone en un tono de máxima utilidad económica, pero nosotros somos personas, no procesos comerciales. No existimos para crear bienes y servicios a la máxima capacidad posible, por el contrario, los bienes y servicios son para nosotros y eso, en la medida en que los necesitemos.

Trabajamos para el futuro, por eso no tenemos tiempo, el futuro requiere ahorros, posesiones, conservación, seguridad, defensa de malvados, estabilidad y demás. Todo eso es correcto; pero el presente y sólo el presente es nuestro tiempo.

Al futuro le sacrificamos el presente. Pocas cosas son tan frustrantes como ver que alguien muere sin cosechar lo que sembró para su futuro o bien, cuando es despojado de su cosecha. he visto personas de más de 85 años con recursos, ahorrando para su vejez. ¿Qué tanto presente debe sacrificarse al futuro?

“Ganar el tiempo” es ganar el presente, tomar conciencia de él; tener tiempo es la libertad concreta de decidir qué queremos hacer y poder hacerlo. No se trata de caprichosa e irresponsablemente desentenderse del futuro; tener tiempo es algo más serio que no tenerlo, puesto que el tiempo ganado es para vivirlo y hacer algo interesante en él ¿no lo cree?

Hay una señal infalible, creo yo, de que su tiempo le pertenece: es la satisfacción que logra al llenarlo. Que desalentador es que una persona carezca de tiempo para sus intereses aparte del futuro o la rutina. Que alentador es ver a una persona que tiene tiempo para sí y lo llena de flores.

Eugenio.

Jacinto 2010

 

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